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Paloma Llaneza: «Se puede construir una Internet menos intrusiva»

Entrevista a Paloma Llaneza, abogada y ensayista especializada en ciberseguridad (PARTE II). Por Marta Cambronero

Paloma Llaneza, autora del libro ‘Datanomics‘ (Deusto, 2019), participó en la presentación de La Experiencia de la Sala de Cristal en el Centro de Arte y Tecnología Etopia, en mayo de 2019. Esta es la segunda parte de la entrevista realizada por la periodista Marta Cambronero (la primera parte se puede leer aquí).

Pasamos a otra serie de preguntas. Me gustaría hablar contigo, Paloma, sobre cómo podrían haber sido las cosas.

Vamos a hacer distopía. Me gusta la distopía.

En los años 90, los cyberpunks, que no eran otros que los creadores de Internet en los años 60, ya decían que había una amenaza sobre la privacidad muy importante y que técnicamente era posible desarrollar otra Internet. Leo esta cita de Gilmore, extraida del libro ‘La ética del hacker’:

¿Qué sucedería si pudiéramos construir una sociedad en la que la información nunca pudiera ser recopilada, en la cual se pudiera alquilar una cinta de vídeo sin dejar una tarjeta de crédito ni el número de cuenta bancaria, en la que se pudiera demostrar que se tiene licencia para conducir sin dar siquiera el nombre, en la que se pudieran enviar y recibir mensajes sin revelar la situación física, al igual que una oficina de correos electrónica? Una sociedad así es la que quiero construir.

Esa filosofía es justo la contraria a todo lo que estábamos hablando, en la que un teléfono móvil es capaz de recopilar una cantidad innimaginable de datos.

Estoy de acuerdo con Gilmore. Claro que se puede construir una Internet menos intrusiva, unos servicios menos intrusivos. Se pueden construir dispositivos que borren los datos inmediatamente después de que los usemos, que no los almacenen, que tengan muy poca memoria o que no trasladen esa memoria a la nube. Es decir, todo esto son decisiones técnicas que alguien ha tomado. Recordemos que cuando empezamos a trastear con ordenadores, estos tenían una memoria de 200Mb que es lo que pesa una foto de buena calidad ahora. Y con estos sistemas operativos teníamos acceso a procesadores de texto, a conexiones… ¿Cómo era posible? Porque los sistemas generaban muy pocos datos residuales y necesitabas menos memoria para poder trabajar con ellos.

Hemos ido ampliando la memoria porque era práctico. Los sistemas operativos cada vez pesan más y la memoria ya no es un problema. La velocidad de proceso tampoco. Y de pronto ahora los datos son un subproducto de una mala programación. Es decir, alguien ha programado un sistema operativo que deja un montón de basura, de datos, de logs. La ha programado así porque ya da igual, ya no tenemos escasez, ya no tenemos una limitación de procesamiento ni de almacenamiento. Y de pronto alguien se da cuenta de que ese subproducto tiene un gran valor. Se produce una inversión del negocio. Antes el negocio era tener un sistema operativo y vendértelo: se pagaba por el software. Ahora no. Ahora el sistema operativo te lo dan gratis y el subproducto que generas al utilizarlo es mucho más valioso que lo que pagarías por la licencia de ese software.

¿Qué hacemos para darle la vuelta a todo esto?

Creo que debemos exigir a nuestros políticos que estén pendientes de este asunto, en lugar de estar pendientes de querellas absurdas para rellenar tuits y titulares. Y hacerles conscientes de que, junto con el cambio climático, la cuestión de los datos es una de las dos grandes cuestiones transnacionales y generacionales que impactan de una manera brutal en la vida cotidiana de todos nosotros. Puede parecer que me pongo muy dramática pero lo digo muy sinceramente. En un tema tan importante como este, nadie en Europa parece estar tomando unas medidas, nadie se lo está creyendo mucho.

Lo que tenemos que hacer es autoprotegernos. Y ya lo lamento. No voy a dejar de llevar un teléfono móvil. Volvería al Nokia, que deja muy pocos datos, pero a mí me es muy útil el teléfono para trabajar. Lo que no hago un uso recreativo de mi teléfono móvil prácticamente para nada. ¿Qué tenemos que hacer? Ser muy conscientes de para qué queremos la tecnología. La tecnología está a nuestro servicio y no nosotros al servicio de la tecnología. Esa reflexión supone a lo mejor quitarnos de caprichos, de cosas que no son buenas para nuestra salud o que creemos necesitar pero que realmente no necesitamos, para llenar ese tiempo con otras cosas de calidad. Ese es un esfuerzo de reflexión personal que cuesta mucho hacer porque el cerebro lo que busca es la recompensa inmediata y esto requiere una disciplina. Es casi como la de ponerte a régimen y aguantar dos años. Para desintoxicarte de esto tienes que cambiar de hábitos de vida y analizar con mucho realismo si realmente te hace tanta falta o no.

Paloma Llaneza, en Etopia. Foto: Julián Fallas

Hace unos años se ponía interés en aprender a cifrar la información, los archivos el correo electrónico, los chats… ¿Qué ha pasado que esto ya no le interesa a casi nadie?

El PGP (sistema de encriptado Pretty Good Privacy) ya no se soporta en casi ningún dispositivo. Cuando nos hemos pasado a la movilidad, encontramos que la movilidad tiene unos protocolos distintos. Al final, solamente lo puedes utilizar con las personas que también lo tienen instalado en su teléfono móvil. Para un proyecto en concreto te puede ser muy útil utilizar esa herramienta, y de hecho hay gente que te lo exige para participar en según qué espacios. Pero no me imagino instalándole a mi madre un cifrado en el teléfono. Y aún así, su comunicación no estaría cifrada si yo no tengo el teléfono cifrado al otro extremo.

El problema que tenemos es que el grado de evolución de la tecnología. En los ‘90 evolucionó muy poco, pero desde que apareció el teléfono inteligente la velocidad es exponencial. Recoge una brutalidad de datos que nunca antes se habían recogido: sobre movilidad, sobre comportamiento, sobre sentimientos. Todo esto es propiedadd de los sistemas operativos y tienes que pasar por sus tiendas de aplicaciones. En ellas no hay un especial interés por la criptografía. Hay gente que usa Signal, otra Telegram… Esto hace que Whatsapp empiece a cifrar de punto a punto, pero luego llegan unos israelíes y hackean Whatsapp… Tenemos por un lado la rapidez en la innovación y, por otro, una población general, e incluso profesionales, que no piden seguridad. En estas condiciones, el fabricante no ve ninguna necesidad de poner esa posibilidad dentro de sus productos. Ese es el principal problema: que estamos todos muy acelerados.

¿Qué opinas del anonimato? Por un lado se puede utilizar para decir lo que nos apetece en la esfera pública con más libertad, pero también se le puede dar un mal uso.

Es muy curioso cómo se ha producido la evolución del anonimato en Internet. En 1999, que parece que fue hace mil años pero fue solo hace 20, la Unión Europea publicó un documento en el que establecía como uno de los derechos fundamentales de los internautas el derecho a navegar anónimamente y el derecho a estar anónimamente en la red. Se defendía el anonimato como un derecho fundamental del derecho a la privacidad y de la libertad de expresión.

Se produce un cambio de paradigma brutal el día que unos aviones se estrellan contra las Torres Gemelas y el Pentágono en EEUU. El 11S cambia completamente todo. Si antes defendíamos el derecho al anonimato como un derecho fundamental, de pronto, aparece con más fuerza el derecho a la seguridad de toda la población y a que las agencias gubernamentales sepan quién es quién. Ese cambio se produce en esta tensión entre la intimidad de los usuarios, el libre ejercicio de los derechos y la seguridad. En esa tensión, la seguridad ganó y el anonimato pasó a ser sospechoso.

Cuando pasas a ser sospechoso por navegar anónimamente, por usar TOR, por no tener huella digital… ya te ponen en una lista de sospechosos. Indirectamente, quiere decir que se criminaliza el anonimato, con independencia de que ese anonimato se utilice para el bien o para el mal.

Lo cierto es que la criminalización viene a raíz de ese debate, porque antes formaba parte de tu derecho a la intimidad y tu derecho a expresarte libremente. Luego ya llegan las redes sociales, los insultones, y el anonimato se convierte en el gran enemigo. Todo el mundo tiene que estar identificado, todo el mundo tiene que decir quién es. Pues no señor.

Yo defiendo el derecho de que la gente sea anónima. Defiendo el derecho a entrar a una tienda y pagar en efectivo y que la señora que me vende algo se olvide de mí en cinco minutos y al cabo de una semana no sepa ni quién soy. Defiendo el derecho al dinero físico. Derecho a hacer cosas desde el anonimato y, si incumplo algo, que me busquen y me juzguen, como ha pasado toda la vida sin reconocimiento facial, sin dinero electrónico, en la investigación de los delitos.

Que haya ganado la seguridad tras el 11-S a lo mejor nos ha salvado de muchos atentados, pero también ha habido otros muchos que se han escapado. Es decir, que al final los que quieren cometer un atentado lo acaban cometiendo y para cometerlo lo que hacen es ni entrar en redes sociales ni comunicarse electrónicamente. Lo que hacen es navegar por debajo del radar. A las personas que atentaron en Barcelona no las iban a encontrar por esa vía jamás. Al final, la criminalización del anonimato nos perjudica solamente a las personas de bien que queremos hacer lo que nos dé la gana sin contárselo a todo el mundo, dentro de la ley.

Esta entrevista la estamos realizando en la Sala de Cristal del Centro de Arte y Tecnología Etopia. ¿Qué te parece la exposición? ¿Cómo crees que puede ayudarnos a tomar conciencia de nuestros datos y a protegernos mejor?

Cuando hablo de datos a veces pienso que repito algo que todo el mundo sabe, pero lo que es obvio para la gente que se dedica a la ciberseguridad, que somos una panda de paranoicos, no es obvio para el resto de la gente. No creo que haya que hacer responsable al usuario del atraco de datos al que es sometido pero tampoco le vamos a mantener en la ignorancia para siempre. Esto es un proceso de maduración en el que la gente tiene que saber cuál es la trascendencia de sus actos.

Creo que es muy interesante esta exposición porque lo hace de una manera visual, gráfica, sin tecnología de por medio y sin contar cosas muy complicadas. Cuenta cosas muy sencillas y el propio nombre lo dice: cómo vivirías si en tu casa en lugar de tener unas paredes sólidas y una puerta vivieras en una casa de cristal en la que tus vecinos te vieran en el cuarto de baño, ducharte, discutir con tu marido, con tu novia, masturbarte, llorar o tantas y tantas cosas que uno hace envuelto por la protección de las cuatro paredes de tu casa. Pues es que esas cuatro paredes de tu casa que te protegen ya no te protegen.

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Etopia Centro de Arte y Tecnología

El Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza (Etopia) es un equipamiento de nueva generación diseñado para albergar y promover los proyectos creativos y emprendedores más innovadores dentro del área de Milla Digital, en el ámbito de los sectores de contenidos, mutimedia y 3D, arte, videojuegos, diseño, etc. Como equipamiento, no pretende ser un contenedor artístico cerrado en sí mismo, sino un espacio abierto a todos los ciudadanos, empresas, y a creadores interesados en desarrollar, explorar y compartir nuevas ideas.

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