Entrevistas en “Grandma. Un recuerdo iluminado”

Entrevista: María Luz Hernández
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Entrevista: Elvira Burgos
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Entrevista: Lucía Camón
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Entrevista: Isabel Gutiérrez
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Entrevista: Miguel Ángel Ortiz Albero
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Entrevista: Julián Sáenz-López
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Entrevista: Izaskun Fernández
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En Grandma. Un recuerdo iluminado la artista Marta L. Lázaro se plantea desenredar todo lo que sucede alrededor de una imagen de la infancia: su abuela, sus tías y su madre haciendo jabón. Algo más que un recuerdo que se queda en una memoria, valores universales…

Para desarrollar el proyecto la videoartista ha reunido las voces que podían hablar sobre cuestiones como mujer rural, autosuficiencia, cosmética, consumismo, ginocracia, tradición, antropología, pueblo o ciudad.

Grandma. Un recuerdo iluminado es la exposición resultante de la II Residencia Hedy Lamarr de Etopia, impulsada por Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento y el Ayuntamiento de Zaragoza para profundizar en la erradicación de barreras de género en el ámbito artístico y tecnocientífico.

“Un recuerdo recurrente de la infancia es como mi abuela, mis tías y mi madre hacían jabón en el pueblo. Al ser un ritual un tanto peligroso, me mantenían apartada. Era entonces cuando me convertía en una espectadora. Tiempo después, permanecen en mi memoria las diferentes acciones de un modo muy escenográfico.

El barreño de acero, el fuego, los ingredientes y el remover con una gran vara gruesa de madera. Lo que no sabía entonces es que lo que venía a continuación habría de ser algo importante para mí. Derramaban en unas cajas de madera la mezcla hirviendo para que después se solidificará; a continuación, sacaban de esos cajones los trozos rectangulares de jabón de unos 10×10 cm de un color pálido, llamados tajos, extendiéndolos en una lona bastante grande y colocando los trozos, de uno en uno, formando un cuadrado de unos 2×2 m. Todo, como de una instalación artística se tratase.

Como si fuera una obra teatral todas se acercaban, opinaban y, algo que me gustaba mucho, todas cogían varios trozos porque en realidad era para todo el pueblo; incluso para las más pequeñas nos hacían tajos un poco más pequeños, del tamaño de nuestras manos. Luego, los sobrantes se dejaban secar en la oscuridad del granero”.                                                                                

Marta L. Lázaro

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